sábado, 11 de octubre de 2014

De pueblo Hippie en pueblo Hippie

Está claro que India llama al hipismo. Algunos lugares más que otros. Y sin querer hicimos el triángulo de pueblos hippies en India, claro que hay muchos más como Hampi, por ejemplo, pero acá van los datos de los tres que visitamos al hilo, y que demás está decir, me encantaron.

Manali
Llegamos a Manali por el dato de unos finlandeses que conocimos en Delhi. Es un valle boscoso con paredes de montaña que te hacen imposible creer que se puedan construir casas tan arriba, pero las hacen. La gente india de Manali viste con una onda más gitana que me encantó. Manali es muy lindo y sus alrededores también, y sin entender bien por qué, la onda del pueblo y los turistas que lo visitaban eran de hipismo máximo. Tal vez porque cada dos pasos aparecían plantas de marihuana, o tal vez porque hay muchas manzanas. Una de dos.

Mc Leod Ganj
Decir que éste es un pueblo hippie puede resultar un insulto al Budismo. En este pueblito construido en los cerros vive el Dalai Lama a quien India dio asilo junto a muchos refugiados tibetanos. Es un pequeño Tíbet. Precioso y con toda la onda política/pacífica de “Free Tíbet”. Hasta estuvimos en una charla del Dalai Lama. Él es maravilloso. Es PAZ. La irradia.
Y claro, con tanta onda paz, está lleno de centros de yoga, de meditación y la gente pasa como si una tienda de ropa india los hubiese escupido con accesorios y todo.
Lo mejor es la comida tibetana. Los home made tibetan noodles y hasta el té salado con mantequilla, ñami.

Pushkar
De las montañas bajamos a las cercanías del desierto del Rajasthan. Este pequeño pueblo de casas blancas y pasteles, con un lago al medio es el centro espiritual Brahmista. Te piden por tanto respetar sus tradiciones: nada de alcohol, nada de carne, nada de huevos y nada de besos.

A pesar de sus “restricciones”, es centro neurálgico hippie igual, con sus “eggless omelettes” (¡!) que no me atreví a probar y con los pseudo brahmas que te dan una oración con ofrenda para tu familia y luego te cobran una buena suma por cada miembro de tu familia. Yo me negué a pagar, claro, y la paz que me habían dado cambió por pseudo amenazas de mal karma. Me dieron ganas de rezarles un padre nuestro y decirles “ya, ahora yo recé por ti, dame tú mil rupias”.  Para la próxima viajo con rosario. 

Fotos de Manali: 















Fotos de Mc Leod Ganj















Fotos de Pushkar


























lunes, 6 de octubre de 2014

Amritsar en fin de semana largo

Después de los increíbles días en Ladakh, partimos a Manali, zona de paso. Paisajes increíbles de bajada de los Himalayas, pero el viaje es del terror. Gracias a que Pancho le tomó el volante al chofer que se nos durmió no terminamos viendo el valle desde abajo mismo. Pero sí es precioso.  

Manali es mucho bosque, manzanos y plantas de marihuana que crecen más que el pasto por todo el pueblo. Sólo pasamos unos días para seguir a Mc Leod Ganj en un “luxury bus” de noche sin amortiguadores. Llegamos, dejamos las cosas en el hotel, nos dimos el lujo de un desayuno pituco, nos inscribimos para la charla del Dalai Lama y partimos a Amritsar, la capital Sikh.

Los Sikh corresponden a una religión numerosa en India. Su equivalente de Vaticano o de la Meca está en Amritsar, el Golden Temple. No es que sólo sea Golden, es realmente de oro. Pero más que el oro y más que la importancia del templo para los devotos Sikhs, a mí lo que me llama de este templo es el rol político que jugó en la vida de Indira.



A mediados de los ’80, un grupo sikh con intenciones independentistas, se tomó la zona cerrando el templo. India es un país secular, fue una de las grandes luchas de Gandhi y de Nehru. Un país donde todas las religiones tuvieran espacio (*). 

Cuando ocurrió esta “toma” en Amritsar, la estrategia militar, al mando de la Primera Ministra Indira Gandhi (**), para liberar la zona, implicó grandes daños en el templo. Aunque esto se reparó, imaginen como quedarían los ánimos si parte de la capilla sixtina se dañara por estrategia militar y luego se reparara. A pesar de la animadversión que esto generó entre los Sikhs, Indira no despidió a dos de sus guardaespaldas Sikhs, quienes le dieron muerte saliendo de su casa el ‘84.  

El Golden Temple es maravilloso, y como siempre, la historia sólo lo hace aún más maravilloso.

Peeerooo…y este es un pero no menor, sin darnos cuenta, fuimos a Amritsar en fin de semana largo. Fin de semana que los devotos sikhs alrededor de la India aprovecharon para peregrinación.



Llegamos a Amritsar después de pasar la noche en el “luxury bus”. Después de tomar buses y buses desde Mc Leod Ganj pegoteados de calor. Llegamos y todos los hostales estaban llenos. Los hoteles de mala muerte habían subido sus tarifas ridículamente. No se podía caminar y eso que las calles las tenían cerradas para autos. El calor se hacía más intenso entre la rabia de ver pocilgas por mil rupias. Finalmente pagamos por un hotel insignificante una plata que en India es desorbitante (1500 rupias!).

Entrar al Golden Temple, ni pensarlo. La fila daba fácil unas 10 vueltas a una cuadra y media de distancia más o menos. Saliendo del Golden Temple caminamos más de una hora hacia el Durgana Temple. Imposible entrar de tanta gente y de una piscina en la que había que lavarse los pies que estaba negra. En la tarde fuimos a la ceremonia de cierre de frontera con Pakistán. Todo un show por lo que hemos escuchado. Imposible ver nada. Un mar de gente que no se ve ni en concierto de Ricky Martin.

Inicio de la cola para entrar al Golden Temple

Inicio de la muchedumbre en la frontera


Llegando, el cansancio de India nos llevó a hacer lo impensable: fuimos a cenar al Mc Donalds. Como todo en India, resultó ser un Mc Donalds “same, same, but different”.



Después de todo, que qué les respondería si me preguntan si vale la pena tanto viaje y tanto agobio por un templo que solo vimos por fuera?

Pues no les respondería, porque no es la pregunta correcta.

No se viaja para ir a ver un templo. Se viaja para conversar todo el bus con la pareja de recién casados que volvía a Amritsar de su luna de miel en Mc Leod Ganj, aunque no entendieran nada de inglés. Se viaja para sorprenderse de todo lo que pasa por fuera de la ventana, hasta de las estatuas gigantes de palomas/loros o pelotas de fútbol que ponen en los techos de las casas. Para descubrir los últimos modelos automovilísticos de Pathankot. Para no creer que un chofer pueda dejar 10 segundos libres por minuto sin tocar la bocina. Para ver el sinfín de colores que da India por la ventana. Para reírse de cómo me sacó de quicio el indio que no paró de seguirnos tratando de ofrecernos las más horripilantes habitaciones de Amritsar. Para encontrarse con el Sikh que se tomó uno de sus cinco preceptos, el de estar siempre con una navaja para defenderse, un poco más a pecho. Para ir al correo a dejar una encomienda y ver que con máquina de coser te cosen un saquito. Envuelven, terminan de coserlo a mano y lo sellan con lacre derretido con vela. Para sentir cada segundo de India. Adonde no se viaja por los templos. Se viaja porque cada segundo es una experiencia.

¿Se nota el hacha o no?



Los tuk tuk de Pathankot


Y por último, a pesar de todos los gurús en India y de todos los líderes religiosos, me sorprende ver que hay dos "gurús" que traspasan todas las fronteras:




(*) “Dios no tiene religión”, Gandhi.

(**) Indira hija de Jawaharlal Nehru, se casó con un farsi de apellido Gandhi y según costumbre india heredada de los ingleses cambió su apellido, quedando como Indira Gandhi. Se crió en un Ashram con su padre y con su mejor amigo, Gandhi. Fue Primera Ministra de India muchos años y no se llevaba bien con Nixon. Una genial. 

sábado, 4 de octubre de 2014

… la Paz de Ladakh (Parte 2)

Ladakh es parte de la región Jammu & Kashmir del norte de India. Es principalmente budista y queda enclavada en los Himalayas. Todos sus poblados están cercanos a los 4 mil metros de altura, y los pasos para moverse de un lugar a otro incluyen el paso más alto del mundo a 5.630 metros de altura.

"Quedarse por más de 20-25 minutos puede ser dañino para la salud" 

Junto a la altura, los caminos para moverse de un lado a otro son estrechos, casi senderos en algunos tramos, con precipicios y muchas de éstas rutas están rankeadas como “las más peligrosas del mundo”. A esto, hay que sumarle las habilidades al volante de los choferes indios. De los lugares que he visitado, en ninguno manejan tan mal como en India y en Bangladesh. Fuimos al Pangong Tso, un lago mitad indio mitad chino, y tuvimos a un conductor del terror! Que para colmo, antes de llegar al paso de 5.300 metros, se mete en un hoyo y nos tocó bajar a empujar el jeep. Por suerte el lago era tan maravilloso e intenso que todo valía la pena.



Aparte de este pequeño detalle caminístico, Ladakh sigue siendo un lugar de mucha paz. Y acá viene la ventaja de estar viajando con el Pancho Museo: maneja moto. Se atrevió con el tránsito indio y con manejar por la izquierda. Arrendamos una moto y partimos entre montañas y monasterios recónditos. Al final, tuve que guardar la cámara de fotos y sencillamente disfrutar de las montañas, porque no hay foto que capte la inmensidad que se siente en estos desiertos de montaña.







También pasamos por la antigua ruta de la seda entre India y China: Nubra Valley, con la suerte de que Nassim resultó ser un excelente conductor. Pasamos por villas pequeñas, más monasterios, ríos, más montañas, y ya que andábamos en la onda tour, había que hacerla completa. Terminamos el día andando en dromedario por las dunas. Y Perita, ¡vi uno que lloró!




Con la moto, también fuimos a ver el proyecto de un ingeniero indio medio rebelde (con el que se inspiraron para la película “Three Idiots”, que recomiendo verla). Tiene una especie de centro educativo alternativo con energías limpias y creativas, auto cultivo, deporte y varios. Hasta hacen una pista de hockey sobre hielo en invierno! Una locura fenomenal de este indio. Más allá de la descripción técnica, en la que sé estoy fallando, el lugar tiene un ambiente que no voy a describir acá porque no podría, pero tengo que mencionarlo al menos, porque fue una visita alucinante.




Y es que la gente de Ladakh tiene algo. Fuera  de lo impresionantes que son los paisajes de Ladakh, no hay nada como sus habitantes. Todos te saludan con una sonrisa de paz y un “ju-le” (se lee yile: hola). Nos quedamos en Bhoto Guest House en Shey. La manejaba Thinles y su esposa Sonam. Todos los días nos preparaban cena y desayuno. Uno de los mejores cocineros con los que me cruzado en la vida. Apenas llegábamos a la casa nos regaloneaban con un chai o un té de azafrán. Se las arreglaron para que no fuera una estadía más, fue un hogar. Junto con Payal y el abuelo de Thinles que aparecía sonriendo de repente a recolectar las manzanas del patio. Todavía los siento hogar.



El día en que nos íbamos, Sonam nos regaló un momento mágico. Apareció con un atado de telas, vistiendo su traje típico de mujer Ladaki y nos llama a mí y a Payal. En la bolsa llevaba el vestido que tenía guardado del matrimonio de su madre y del suyo. Y nos viste a mí a y Payal con ese tesoro de olor a naftalina. Indescriptible.




De Laddakh partimos a Manali, muy lindo y muy genial, pero sigo extrañando Shey. A Thinles, a Sonam y a Payal. A este hogar que sigue latiendo entre los Himalayas.